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Pienso, luego sufro
El título de esta obra publicada por Paidós en su colección Contextos es inequívoco. Pienso luego existo. Cuando pensar demasiado nos hace daño. El pensamiento es una herramienta fantástica para estar en el mundo, desatar los nudos gordianos de los dilemas y las contradicciones, anticipar las consecuencias de nuestros actos, combatir la incertidumbre. Pensar es una acción que nos provee de sentido, que fabrica proyectos, que alinea nuestras capacidades con expectativas. Sin embargo un exceso de pensamiento mal dirigido puede tener consecuencias funestas. En el lenguaje coloquial se suele insistir en que deberíamos pensar más, cuando en realidad de lo que se trata es de pensar mejor. Este libro pone su foco de atención en esta singularidad. Sus autores son el psicólogo Giorgio Nardote y el también psicólogo e investigador clínico Giulio de Santis.
La obra hace un recorrido histórico por las diferentes etapas del desarrollo de la racionalidad a través del ejercicio de la duda, ya que disciplinas el acto de dudar y la superación de los interrogantes que trae adjuntos constituyen la fórmula más genuina de toma de decisiones. Pensamos porque dudamos, y precisamente el derribo de la duda nos pertrecha de nuevo pensamiento, así en un bucle inacabable que nos hace adoptar decisiones y progresar. El libro se pregunta sin embargo qué ocurre cuando intentamos aplicar el pensamiento en la vida cotidiana, ante elecciones que no pueden resolverse por medio de una lógica aplastante, cuando la duda dribla las severidades del razonamiento. Según los autores caemos en un atolladero. Nuestro acervo cultural ha otorgado un poder enorme a la razón desestimando otras fuentes de conocimiento, o el nudo de interconexiones de ámbitos dispares que ofrecen otras perspectivas y otras soluciones. En algunas ocasiones, pensar deja de ser un instrumento infalible para convertirse en un obstáculo, manantial de incertidumbre o de sufrimiento. Los autores proponen soluciones centradas en el problema e inspiradas en el modelo de la terapia breve estratégica. Es necesario orientar estratégicamente el pensamiento para descubrir su capacidad de crear ocurrencias. Quizá en vez de obstinarnos en buscar las respuestas, lo que debemos hacer primero es formular mejor las preguntas. Una buena pregunta trae en germen más de la mitad de la respuesta correcta.
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