Está a punto de llegar el mes de agosto, el mes
por excelencia de las vacaciones. Justo ahora empiezan las
migraciones estivales, millones de personas peregrinando
a la playa, la montaña, huyendo de los lugares en
los que cotidianamente se vive y se trabaja. Al no existir
el tiempo remunerado, el tiempo en que físicamente
nos alejamos de nuestro entorno doméstico, en vacaciones
compartimos más horas con nuestra pareja. Las vacaciones
se convierten en un tiempo extraordinario lleno de momentos
ordinarios, así que no es de extrañar que
broten los conflictos.
Año tras año la tasa de divorcios se dispara
al concluir el tiempo estival. Septiembre y octubre es un
mes de mucho ajetreo en los despachos de abogados. Se deduce
que es justo en las jornadas de asueto del verano cuando
se empieza a rumiar la idea de la separación, probablemente
motivada o desenmascarada por las divergencias, discordancias
y fricciones que provoca convivir días y días
sin horas que ejerzan de paréntesis.
Los conflictos en vacaciones se disparan tanto que es raro
no encontrar en revistas de divulgación y entretenimiento
listados con recomendaciones para evitarlos. Nuestra Newsletter
de verano les propone una serie de artículos no para
eludir el conflicto (tarea imposible en tanto que son consustanciales
al hecho de vivir), sino para resolverlo inteligentemente.
Que lo pasen bien.
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Peligro:
vacaciones
Resulta paradójico ver cómo
las vacaciones son balsámicas en sí mismas,
pero también son el lugar en el que aumentan
los conflictos en pareja. La explicación es sencilla.
Uno descubre que el amor es un concepto muy poético,
pero su campo de juego es la prosaica convivencia.
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Arquitectura
del conflicto
Sólo cuando las partes afectadas
perciben el conflicto se está en disposición
de erradicarlo. Es una perogrullada, pero para resolverlo
es necesario que los implicados lo deseen. Del mismo
modo que dos no riñen si uno no quiere, es un
intento vano que dos partes intenten sellar un acuerdo
si una de ellas no lo desea.
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"Él
empezó"
Una manera de justificar el uso de formas
poco cívicas en una disputa es recordar que la
otra parte empezó a utilizarlas. Pero que alguien
lesione con nosotros una regla de comportamiento no
nos legitima a hacer lo mismo.
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Pensar
lo que uno dice
Si queremos que nuestras palabras provoquen
un cambio en quien las recibe, tenemos que conseguir
que la persona se sienta respetada.
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Lista
de agravios
Una regla de oro en la resolución
de un conflicto es la de no enumerar una lista de agravios
cuando estamos en el momento más volcánico
de la coreografía del problema. ¿Por qué?
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Cumplir
barbaridades
En muchas ocasiones nos empecinamos en
mantener una decisión absurda espetada en mitad
de un episodio bélico simplemente para no pillarnos
a nosotros en falta, o no tener que capitular.
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Cariño
y eficacia
Desde que nacemos y hasta que no abandonamos
este mundo, necesitaremos cariño y percibir nuestra
eficacia para erigirnos en sujetos seguros y valiosos.
También en vacaciones.
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La
sabiduría de la tortuga
Si constatamos que los días siguen
hospedando veinticuatro horas como siempre y cotejamos
lo que hace una persona incrustada en el siglo XXI con
otra nacida en siglos anteriores, veremos que cualquier
sujeto de hoy consume más actividad en un día
que el más versado de nuestros antepasados a
lo largo de varios meses. Tan importante es el tiempo
de trabajo como el tiempo de descanso.
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Charla
con Jesús Ferrero
Hablamos con el autor de Las experiencias
del deseo, una cartografía del alma humana. Charlamos
con él para esclarecer qué fuerzas nos
mueven por dentro. Ideal para entender por qué
discutimos, por qué hay conflictos, por qué
todo es tan fácil y tan difícil a la vez.
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