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Ojo con los favores no pedidos

Portada del disco de The Cranberries, Bury the hatchet (1999)
El refranero deja bien claro que favor con favor se paga. Cuando alguien nos hace un favor se genera la obligación de devolverlo. Es un impulso enraizado en el ideario atávico de nuestro comportamiento. En la literatura de la persuasión esta lógica recibe el nombre de ley de la reciprocidad. Toda acción en la que alguien hace algo por nosotros provoca una sensación de deuda que deseamos saldar. Por eso nos incomoda sobremanera recibir favores que sabemos que no podemos devolver. Este hecho nos coloca en una situación de inferioridad que facilita que nos volvamos mucho más receptivos a aceptar futuras peticiones. Entregamos poder a quienes nos hacen un favor y por extensión ese favor nos convierte en personas más vulnerables ante ellos. Resulta ocioso añadir que este mecanismo es tremendamente susceptible de ser manipulado. Existe manipulación cuando alguien hace un favor pensando de antemano en cómo lo va a cobrar, cuando antes de hacer el favor ya se elige qué gratificación se reclamará para que quede satisfecha la deuda. Se trata de una tremenda tergiversación de la naturaleza estable del favor. Un favor es una ayuda desinteresada a alguien, pero si uno lo realiza como inversión, la ayuda desinteresada deja de serlo y el favor pierde su noble sentido originario. Hay que ser precavidos a la hora de pedir favores, o permitir que te los hagan sin tú pedirlos. Muchas personas utilizan esta estratagema para luego demandar una posterior ayuda o un futuro favor, probablemente más costoso que el que realizaron ellos. Ojo con los favores. Nada cuesta más que lo que se da gratis.
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