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El enfado como solución
La mayoría de los conflictos emergen porque alguien atenta contra nuestra autoestima. El enfado tiene ese destino, lastimar o zarandear la autoestima del otro reivindicando la propia, o a la inversa, nos enfadamos como escudo protector frente a alguien que ha osado magullar la nuestra. Sea como fuera el enfado activa un dispositivo aciago para la resolución de un conflicto: se encastilla en el pasado y busca culpables en vez de otear el horizonte y vislumbrar soluciones. En la bibliografía de la negociación se habla a menudo del enfado táctico. «El enfado táctico se sostiene en el engaño y suele potenciar sus efectos cuando el que lo hace no tiene fama de iracundo. Pero también cuando se utiliza por sorpresa. Un enfado por sorpresa crea incertidumbre y cambia la naturaleza de la interacción» (Schroth, 2008). Conviene matizar quién es el destinatario de nuestro enfado, quién recibe un chaparrón de palabras que picotean en los sentimientos como la lluvia en los tejados, o un silencio hostil que utiliza el poder corrosivo de la sugerencia y la incertidumbre.
El enfado puede convertirse en un dispositivo eficaz cuando la relación es sólida. Un enfado en un contexto de relación líquida o frágil tenderá a la descomposición de la propia relación. Nos alejamos de las personas que se enfadan con nosotros, más todavía si el enfado es infundado o desmesurado. El enfado es efectivo si es creíble, si se basa en situaciones lógicas, si mantiene simetría entre su causa y su efecto, si en sus postrimerías viene acompañado de una explicación, y si finalmente da paso a una reconciliación. El enfado gana crédito si el que lo utiliza, a pesar de tenerlo justificado, luego se disculpa, si admite que se dejó llevar por un episodio de irascibilidad, si separa el contenido del enfado del enfado mismo. Desgraciadamente la inmersión en un capítulo bilioso deniega el uso de la racionalidad (nadie se vuelve lúcido y razonable cuando por su boca sale metralla verbal que va aumentando de calibre a medida que se producen las descargas), así que muchos enfados devienen en una siembra masiva de agravios, cizaña frondosa que sepulta cualquier pequeño brote verde, munición que agujerea y desbarata la posible solución. Conviene no enfadarse. Pero si uno no puede evitarlo, si entra rápidamente en temperatura de horno, que el enfado no se pase de vueltas. Enfadado no se soluciona nada. Pero se puede estropear mucho.
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