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Compromiso y futuro

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el cerebro es una máquina de predicción, de intentar anticiparse  a lo que está por llegar

Del futuro sabemos algunas cosas, pero la más aplastante de todas es que siempre está por delante de nosotros por mucho empeño que pongamos en que suceda lo contrario. Probablemente empujados por esa descorazonadora certeza hemos inventado la forma verbal del futuro, una herramienta sublime que nos facilita operaciones tan fantásticas como que una realidad inexistente se transforme en un paisaje visible y evaluable para nuestro cerebro. El futuro perfecto o imperfecto nos permite concebir como posible lo que aún no existe. Los seres humanos poseemos una inquebrantable tenacidad para producir ocurrencias que empadronamos lejos del perímetro acordonado del aquí y ahora. Es una maniobra alucinante que corrobora a la vez la antiquísima certeza de que a la inteligencia la realidad siempre se le queda pequeña. Francisco Rubia en su ensayo Qué sabes de tu cerebro afirma que «los cerebros serían máquinas de predicción que utilizan la información recogida en experiencias pasadas para predecir aquellos sucesos futuros que son relevantes para la supervivencia».  A veces esa operación se nos va de las manos y construimos expectativas que mantienen una asintonía total con nuestras posibilidades. Llamamos iluso al que imagina un futuro cuya paternidad es imposible que corresponda a su presente.

La posibilidad de anticiparnos a lo que está por venir supone una enorme ventaja gracias entre otras cosas a la eliminación de una alta tasa de incertidumbre. El filósofo Daniel Dennett (director  del Centro para los Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufs) defiende que la conciencia existe precisamente para desarrollar esa función anticipatoria. «La conciencia es el poder del cerebro para representar cosas que no ocurren en el presente estricto, sino futuras o pasadas». Los seres humanos podemos otear el horizonte y dar forma al futuro a través de la construcción de proyectos. Ocurre que esos proyectos necesitan la participación de otras personas en mayor o menor grado. La buena noticia es que la convivencia se allana sobremanera cuando podemos predecir la conducta de las personas de nuestro entorno. Cuando nos referimos a alguien como una persona responsable en realidad lo que estamos diciendo es que se trata de una persona de la que podemos deducir qué hará mañana en función de la liturgia de actos y palabras que ha celebrado hoy. La única documentación fiable de una persona son sus actos y de ellos extraemos pautas que nos ayudan a confeccionar predicciones. En la entrevista realizada por Eduardo Punset al neurólogo Antonio Damasio y recogida en el libro Cara a cara con la vida, la mente y el universo (Ediciones Destino, 2007), el autor de El error de Descartes y En busca de Spinoza afirma que «nuestra civilización ha avanzado gracias a la posibilidad de pensar en las consecuencias del futuro, los humanos actúan de manera óptima cuando hacen planes y se preocupan por las consecuencias que entrañan sus acciones».

El Método de los Siete Elementos de la negociación de la Escuela de Harvad señala al compromiso como el elemento último para sellar un proceso negociador. Resulta curioso ver cómo este elemento enlaza con la necesidad del cerebro de predecir lo que aún no ha ocurrido, o al menos de limar poder a la incertidumbre y encorsetarla en los confines de lo acordado. El compromiso es el vínculo que existe entre el individuo y sus actos futuros. El compromiso estabiliza la conducta y la hace predecible para los demás. No sólo nuestra conducta es predecible para ellos, la suya también lo es para nosotros. Se alcanza una tranquilidad balsámica y un enorme ahorro de energía. Recuerden que nuestro cerebro mantiene una enemistad caínita con la incertidumbre.  Se lleva muy mal con ella, y aunque se han inventado las figuras del acuerdo y el compromiso para contrarrestarla en lo posible,  al cerebro no le queda más remedio que aprender a convivir con esta enojosa enemiga. Reducir la densidad de incertidumbre no significa abolir su presencia. Los momentos más episódicos que iluminan una biografía llegaron sin anunciarse, aunque probablemente se cultivaron las circunstancias adecuadas para propiciarlos. Para bien o para mal. 

Josemi Valle

Escrito por

En la actualidad forma parte del equipo de investigación de [ENE] Escuela de Negociación. Es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Salamanca. Ha trabajado en el departamento de I+D de diferentes empresas relacionadas con la formación en habilidades directivas. Coautor del ensayo «El trabajo dignifica y cien mentiras más» (LID, 2007)

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