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Un precio barato

Siempre he defendido que las palabras nunca son gratuitas. Se eligen tratando de dibujar un paisaje emocional, despertar sentimientos concretos con su sola pronunciación, incluso cuando la elección se realiza inconscientemente. Las palabras llegan adscritas a significados emocionales. Vinculamos una palabra a una sensación, a un sentimiento, a todo un universo de nudos interiores. En la negociación de una venta se suele recomendar el destierro de ciertas palabras. Una de ellas es barato (también gratis, salvo si viene acompañado del precio que costaba antes de adquirir esa condición). Resulta imprudente publicitar un producto o servicio con la leyenda de que su precio es barato. Tendemos a identificar barato con malo, barato con aquello que no tiene calidad, de ahí la popular ecuación que concluye que lo barato es caro. Huelga decir que si en vez de barato decimos muy barato, todas las alarmas se activan. Barato es mala calidad, pero muy barato hace crecer exponencialmente ese defecto. Los expertos aconsejan utilizar expresiones como precio adecuado, o precio justo, en vez de precio barato. También desaconsejan el uso de la expresión precio caro. Una forma de suicido empleada por los comerciales es cuando aseveran que el precio es caro, pero lo es porque la calidad es alta. El precio caro se considera injusto, inapropiado. En vez de precio caro se puede utilizar precio adecuado, precio razonable, ajustable. Ojo con las palabras. Las carga el diablo.
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