| Escrito por Josemi Valle,
el 22-07-2010
|
Etiquetas : disputa |

A las personas nos encanta justificar nuestro comportamiento reprobable. Invertimos mucha energía en rastrear subterfugios que legitimen nuestra línea de acción, que eludan la disonancia cognitiva, que otorguen patente de corso a un comportamiento que a priori hablaría mal de nosotros. Una manera de justificar el uso de formas poco cívicas en una disputa es recordar que la otra parte empezó a utilizarlas. «El empezó primero», aducimos, y acto seguido nos arrogamos el derecho de responderle del mismo modo pero blindados a que nadie nos censure. Que alguien lesione con nosotros una regla de comportamiento no nos legitima a hacer lo mismo. Hay que tener mucho tacto en las disputas, más aún si las protagonizamos con seres cercanos. Saber de antemano que nos van a indultar digamos la barbaridad que digamos nos vuelve más maleducados, más tabernarios, más procaces en nuestras descalificaciones, algo que ya advierte el celebérrimo refrán al recordarnos que «donde hay confianza da asco».
En las disputas caseras en las que se encienden los ánimos suelen olvidarse los intereses de las partes por los que se inició el conflicto y se pasa a dilucidar quién de ellas tiene más poder. El problema pasa a un segundo término y se inicia un pulso para dirimir quién domina a quién. Mostrar poder a toda costa nos puede convertir en personas muy luciferinas, hienas insaciables, sujetos abyectos de los que nos avergonzaríamos si viéramos algo semejante en otros. Replicar ese comportamiento aduciendo que fue la otra parte quien abrió la caja de Pandora es pueril e inconsistente. Recuerda a ese mecanismo que consiste en universalizar una mala conducta para acto seguido justificar la nuestra («todos los hacen, así que yo no voy a ser menos»). Una conducta que lastima las reglas básicas de la interacción es censurable al margen de cuántas personas la realicen y de quién la emplee primero. Si mimetizamos un mal comportamiento en aras de pagar con la misma moneda a la otra parte, nos estaremos poniendo a su misma bajura. Permitiremos que se inicie una espiral de peligrosa degradación. Llegará un momento en que no se distinguirá quien es más cretino de los dos. Si el que empezó o el que continuó. |
|