Nos empecinamos en pregonar que la vida es una carrera de obstáculos, o una carrera de cien metros lisos (distancia popularizada estos días por el jamaicano Usain Bolt tras batir en Berlín el record mundial), y no es cierto.A diferencia de las piedras, que coexisten unas con otras, o los animales, que convierten en su alimento diario a otros animales, los seres humanos convivimos. Queremos que sea así porque los beneficios son infinitamente superiores a cualquiera de las otras dos opciones (la de las piedras y la de los animales). Es una decisión milenaria corroborada con cada nuevo amanecer.
La convivencia requiere negociación permanente, colaboración, asumir que formamos parte de un proyecto mancomunado que está muy por encima de nuestras individualidades. A veces ser el primero en llegar no quiere decir ser el mejor. Sólo significa que se es el más rápido. Y la rapidez es un atributo estupendo para el atletismo, pero quizá no tanto para otros avatares. Para vivir, por ejemplo.