Debería existir una palabra en español para definir el trabajo que se realiza de un modo placentero. Dicho más claro. Necesitaríamos un vocablo específico para embutir en él esas tareas por las que se recibe una retribución pero que proporcionan disfrute y delectación mientras se llevan a cabo. Obviamente esa tarea puede suponer un esfuerzo, pero la gran aportación del deleite y el gozo es que logran neutralizarlo. Esa palabra inexistente para el trabajo sí existe en cambio para labores no remuneradas. Hobby es toda actividad que se ejecuta por puro placer. Para diferenciarla del trabajo se puntualiza que se realiza en el tiempo libre, un tiempo que ejerce de contrapeso al horario laboral.
En las tareas remuneradas en las que uno se lo pasa bien solemos hablar de trabajo vocacional. De hecho hablamos de trabajo vocacional como antónimo del trabajo alimenticio, aquella ocupación por la que recibimos un salario pero que no nos gusta realizar. No hay palabra con entidad autónoma para distinguir dos formas de trabajo totalmente disímiles. En todo caso utilizamos el mismo sustantivo (trabajo) aunque con distintos adjetivos. Nos queda el lenguaje popular y su habitual indefinición vaporosa: «hay trabajos y trabajos». Volver al trabajo vocacional y al arrullo de la rutina después de unos días vacacionales es un regalo del cielo. Volver al trabajo alimenticio es un castigo de los dioses. Estaría bien que el lenguaje diferenciara ambas realidades con una palabra distinta a trabajo. Evitaría muchos equívocos.