Los analistas de la persuasión afirman que cuando a un consumidor se le ofrece un obsequio gratuito por la compra de un producto, disminuye bruscamente el valor y el atractivo del obsequio. La gratuidad pulveriza el valor del producto. Asimismo el valor de un producto cae en barrena si su precio se desinfla. Valoramos lo que conlleva esfuerzo y, aunque en este caso hablamos de esfuerzo económico, esta lección también es aplicable a aquellas actividades que necesitan de esfuerzos más subterráneos (tiempo, habilidad, rutina, etc.). La dificultad aprecia la conquista de aquello que nos proponemos. Es lógico por tanto que el precio superior de un producto indique subrepticiamente que se trata de una gama superior, o que encierra algo muy valioso. Pondré un ejemplo muy fácil y traeré de nuevo aquí a The Beatles como en un anterior post (ver).
Todos los discos de The Beatles (1962-1970) aparecen en los estantes de las tiendas con precio de novedad. Nunca han alcanzado el precio de la serie media. Han pasado más de cuarenta años desde que se publicaron, pero ese tiempo no ha supuesto merma alguna en el precio. Es el único grupo que mantiene sus discos a precio de salida y también el único que no ha despilfarrado su legado sonoro en antologías creativamente disparatadas y estéticamente horrendas a precio de saldo. Todos los demás clásicos, los grupos totémicos, los grupos insignia de diferentes generaciones, han ido amoldando sus álbumes a un precio acorde con la distancia que les separa del año de edición. Con The Beatles esta norma no existe. Con un control omnímodo y puntilloso, la discográfica EMI no quiere depreciar el valor de un producto que da permanentes alegrías a la caja registradora. Y lo consigue.