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No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.

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Albert Einstein. Científico nacido en Alemania y nacionalizado estadounidense (1879-1955).

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La persuasión es increíble

Escrito por Josemi Valle, el 21-11-2008

Etiquetas : validación social

Sonrío mientras leo una anécdota muy elocuente sobre el poder de la persuasión. Ocurrió hace veinte años en un  canal de televenta americano. La autora del guión decidió hacer unos sutiles cambios en las frases publicitarias. En vez de decir: «Los agentes están esperando, llamen ahora», la guionista incluyó el siguiente reclamo: «Si los agentes están ocupados, por favor inténtelo más tarde». Las ventas se dispararon. Este reclamo incluyó dos leyes universales de la persuasión: la ley de la escasez (los agentes estarán ocupados porque tendrán muchas llamadas y eso quiere decir que el producto puede finiquitarse enseguida) y la de la validación social (si hay muchas llamadas, es porque el producto es bueno). Esto me recuerda a la visita  que me hizo un comercial y sobre todo a lo que me ocurrió el pasado fin de semana…

Mi compañera y yo decidimos que por la noche saldríamos a cenar a un sitio que no conocíamos. No habíamos reservado mesa, y no teníamos el número de teléfono para llamar. Como el restaurante elegido estaba cerca de donde paseábamos en ese momento, nos acercamos para confirmar la reserva. Nuestro gozo en un pozo. La puerta estaba cerrada y nadie daba señales de vida al otro lado. Sólo un letrerito que explicaba: «la noche del viernes y el sábado conviene reservar mesa».  Al leerlo pensamos en que el restaurante tendría mucha clientela, lo que hablaba bien del sitio, y que precisamente el fin de semana esa clientela aumentaba, lo que hacía peligrar nuestra mesa si no llamábamos antes. Se activaron en nosotros la ley de la escasez y la de la validación social. Sólo por leer un papel del tamaño de un folio. Llegamos a casa, buscamos el teléfono, llamamos y reservamos. Aquella noche sólo estuvimos nosotros en el restaurante, nadie más apareció por el desolado lugar, pero el letrerito logró persuadirnos horas antes de que no iba a ser así. Qué distinto hubiera sido leer solamente: «los viernes y los sábados abrimos por la noche».  Simplemente añadir «conviene reservar mesa» otorgó al mensaje  un potente valor persuasivo. Así de fácil.
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