Los estudios sobre negociación revelan un hecho sorprendente: las personas que esperan más suelen conseguir más. Esto concuerda con uno de los grandes descubrimientos de la psicología. Cuanto más esperan los demás de uno, más se esforzará por no frustrar las expectativas que los demás han depositado en él. Esto me recuerda un consejo que leí hace tiempo: «Evite a las personas que hacen que lo peor de usted salga a la superficie. Intente dirigirles en una dirección mientras usted va en la opuesta». Todo esto es revelador porque los logros correlacionan directamente con los propósitos confeccionados por uno mismo, pero también con aquellos que los demás esperan de nosotros...
Simultáneamente estas revelaciones entroncan con la idea de optimismo, con la manufactura de expectativas optimistas. El optimismo es la tendencia a esperar que el futuro depare resultados favorables. El optimismo suele captar las ventajas que ofrecen las situaciones, incluidas aquellas en las que uno no sale demasiado bien parado. Todo hecho encierra un lado que guarda beneficios. El optimismo es de una enorme ayuda para afrontar proyectos, para evaluar el futuro sin temor, para aceptar los cambios, para convertir todo lo que está por venir en un enorme territorio de posibilidades favorables. Es un pistoletazo de salida para la acción.