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Tan racionales como irracionales
El ser humano alardea de su condición de ser racional, un sujeto que toma decisiones siguiendo los criterios de una evaluación concienzuda y macroscópica. Muchas de nuestras decisiones están bien fundamentadas, se deducen de análisis racionales en los que se cotejan deseos y realidades, están cimentadas gracias a esa sociedad dual que forman el pensamiento y las experiencias. Podemos decir que nuestras decisiones siguen patrones lógicos, pero sería tramposo no agregar que algunas veces no es así. Un patrón es una forma de conducta formada por repetición, distinguible precisamente por esa repetición (Redorta, 2012). Añado yo que una repetición que ha funcionado bien, que nos ha aportado más beneficio que coste, lo que nos invita a reproducirla a sabiendas de que obtendremos una gratificación similar a ocasiones anteriores. Nos movemos por patrones ya automatizados que han combatido la incertidumbre y que nos permiten ahora ahorrar cantidades ingentes de energía. Sería agotador tomar decisiones a cada instante. Agotador y ralentizante.
Ahora bien, todo esto no impide que a veces, más de las que creemos, adoptemos decisiones capitaneadas o por la emocionalidad o directamente por la irracionalidad. Los canales que conectan la amígdala (sede de las emociones) con el neocórtex (centro de las operaciones racionales) permiten una mayor velocidad neuronal que los que recorren la dirección contraria, es decir, los que parten de la racionalidad y van hacia el foco de las emociones. Este es el motivo de que la primera elección siempre sea emocional y luego la justifiquemos con constructos racionales que en algún episodio pueden manar contaminados de invisible irracionalidad. Aquí los sesgos gozan de una centralidad indiscutida. Cómo procesemos la información nos va a inclinar a comportarnos de una u otra forma. Como sabemos bien que la racionalidad no detenta un dominio absoluto en nuestras evaluaciones, conviene al menos prestar atención a la posibilidad de que algún sesgo se cuele en nuestros análisis. Convertirnos a nosotros mismos en el ratón de laboratorio que hay que escrutar detenidamente antes de dar un primer paso.
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