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La ceguera motivada
La ceguera motivada es un hallazgo de la ética conductual, la ética que estudia el comportamiento de los individuos cuando se enfrentan a dilemas éticos. La ceguera motivada se activaría cuando pasamos por alto infracciones éticas de alguien porque nos interesa no verlas para mantener intacta una relación beneficiosa. En el ensayo, que reseñaremos próximamente, Puntos ciegos (Empresa Activa, 2012), sus autores Max Bazerman y Ann Tenbrunsel explican a modo de ecuación este sesgo: «Cuando la parte A tiene un incentivo para ver a la parte B bajo una luz favorable, la parte A tendrá dificultad para evaluar hasta qué punto es ética la conducta de la parte B». Esta falla ética se cuela dócilmente en las relaciones contractuales, sobre todo en contextos de incertidumbre invasiva. Un subordinado justifica prácticas dudosas de sus superiores porque de lo contrario peligraría su puesto de trabajo. Un colega percibirá como normal la erosión de un estándar ético de otro colega al que necesita para concluir un proyecto en el que lleva inmerso varios años. El observador de una conducta reprobable en la contraparte de una negociación ventajosa inconscientemente no la detectará porque podría frustrar la operación. La ceguera motivada y su inherente parcialidad operan en todos los ámbitos, no sólo en los contractuales, donde es implícita la búsqueda de ventajas. Ocurre a diario en las relaciones de amistad donde sin embargo, y al menos en teoría, el beneficio pertenece a dimensiones menos pragmáticas (aunque ya el clásico advirtio que la amistad es la sublimación de lo útil). Esta ceguera también intoxica las relaciones sentimentales. El dicho popular «el amor es ciego» resume de un modo lacónico pero imbatible este sesgo. La diferencia es que el sesgo explica por qué.
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