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	<title>Negociaccion :: el blog de la negociación</title>
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	<description>el blog de la negociación y la resolución de conflictos</description>
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		<title>«Soy el de siempre, no he cambiado nada»</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 11:57:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una de las apreciaciones más discutibles que puede hacer alguien sobre sí mismo es el aparentemente inocuo comentario  «no he cambiado nada, soy el mismo de siempre». A mí me gusta objetar que si en los últimos veinte años alguien no ha cambiado nada es que o no ha aprendido cosas nuevas o está clínicamente muerto. Una de las características propia de los individuos es que somos seres mutátiles, nuestros intereses y propósitos y por añadidura nosotros cambiamos con el paso del tiempo y nuestra relación con el conocimiento y la vida, que en realidad no es otra cosa que la acumulación de experiencias  y el cumplimiento o incumplimientos de expectativas que forjan la persona que somos al compararla con la que nos gustaría ser.  En esa comparativa surgen sentimientos de exultación o frustración, estilos optimistas o pesimistas, alta o baja autoestima, competencias para unas tareas en vez de otras, proyectos de ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-3940" title="proposito2" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/proposito2.jpg" alt="" width="239" height="298" />Una de las apreciaciones más discutibles que puede hacer alguien sobre sí mismo es el aparentemente inocuo comentario  «no he cambiado nada, soy el mismo de siempre». A mí me gusta objetar que si en los últimos veinte años alguien no ha cambiado nada es que o no ha aprendido cosas nuevas o está clínicamente muerto. Una de las características propia de los individuos es que somos seres mutátiles, nuestros intereses y propósitos y por añadidura nosotros cambiamos con el paso del tiempo y nuestra relación con el conocimiento y la vida, que en realidad no es otra cosa que la acumulación de experiencias  y el cumplimiento o incumplimientos de expectativas que forjan la persona que somos al compararla con la que nos gustaría ser.  En esa comparativa surgen sentimientos de exultación o frustración, estilos optimistas o pesimistas, alta o baja autoestima, competencias para unas tareas en vez de otras, proyectos de todo tipo que van en una dirección en detrimento de todas las demás.  En este proceso resulta obvia la influencia exacerbada de los hábitats en los que nos movemos, las interacciones que compartimos, la permeabilidad de nuestra sensibilidad para incorporar al comportamiento lo que vemos que nos enseña la vida y lo que de todo eso  metabolizamos a través del aprendizaje.  El medioambiente social y los individuos que lo habitan y con los que nos relacionamos rebotan sobremanera en la persona que somos. Ahora bien, este determinismo social se puede amortiguar o rehuir con la educación, la formación, la cultura, los recursos intelectuales, los hábitos afectivos, etc.  Así se construye el estilo básico de nuestra personalidad.  Casi imperceptible en el día a día. Lleno de virajes cuando se contempla con perspectiva.</p>
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		<title>Tercera Edición del Congreso Andaluz de Mediación</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Feb 2012 11:14:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<category><![CDATA[mediación]]></category>

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		<description><![CDATA[La Tercera Edición del Congreso Andaluz de Mediación  se celebrará en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla del lunes 26 al miércoles 28 de marzo. Se trata de un espacio de debate y análisis que procura que los profesionales que trabajan o desean trabajar en Mediación compartan sus experiencias investigadoras y laborales con la disciplina. La mediación es un sistema de negociación alternativo a la vía judicial que fomenta con la ayuda de un tercero la creación de acuerdos entre los actores en conflicto. La presencia de la mediación como recurso para la resolución de conflictos es cada vez mayor y ese protagonismo social aumenta la necesidad de reflexionar, mejorar y divulgar acertadamente la esencia de la disciplina.  La singularidad del Congreso Andaluz de Mediación de este año reside en que será un encuentro de todos los profesionales de todas las ediciones en Andalucía. Además se aprovechará el evento para ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-3935" title="congresome2" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/congresome21.jpg" alt="" width="257" height="320" />La Tercera Edición del <a href="http://www.facebook.com/pages/III-Congreso-Andaluz-de-Mediaci%C3%B3n/269209229809625">Congreso Andaluz de Mediación</a>  se celebrará en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla del lunes 26 al miércoles 28 de marzo. Se trata de un espacio de debate y análisis que procura que los profesionales que trabajan o desean trabajar en Mediación compartan sus experiencias investigadoras y laborales con la disciplina. La <a href="http://www.negociaccion.net/mediacion/la-mediacion-se-pone-de-moda">mediación </a>es un sistema de negociación alternativo a la vía judicial que fomenta con la ayuda de un tercero la creación de acuerdos entre los actores en conflicto. La presencia de la mediación como recurso para la resolución de conflictos es cada vez mayor y ese protagonismo social aumenta la necesidad de reflexionar, mejorar y divulgar acertadamente la esencia de la disciplina.  La singularidad del Congreso Andaluz de Mediación de este año reside en que será un encuentro de todos los profesionales de todas las ediciones en Andalucía. Además se aprovechará el evento para presentar la nueva Delegación del Foro Mundial de Mediación en Andalucía. También el congreso acogerá la presentación oficial de la revista universitaria <a href="www.upo.es/mediacion/mediatio">Mediatio</a> dirigida por el profesor Javier Alés. Más información y programa pormenorizado <a href="http://www.upo.es/portal/impe/web/contenido/6f9005db-47f3-11e1-b367-3fe5a96f4a88">aquí</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Mimetismo y antagonismo</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Feb 2012 11:54:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El comportamiento de las personas que consideramos una autoridad para nosotros nos determina sobremanera. Su ejemplo es magisterio para las narrativas de nuestra conducta.  También ejerce su labor pedagógica el comportamiento de otros que sin embargo aparentemente no tienen peso ni biográfico ni cultural en nuestras vidas. Las interacciones nos modelan más de lo que creemos. Somos seres miméticos y tendemos a replicar la conducta que en nuestros iguales ha obtenido aprobación social, del mismo modo que somos propensos a denegar la reproducción de aquello que ha sido sancionado por la comunidad, o ha merecido un comentario desfavorable.  Todo comportamiento, por muy alejado que se halle su epicentro de nuestra periferia, acaba rebotando en el nuestro. El filósofo de la náusea, Jean Paul Sartre, aseguraba que cada uno de nuestros actos determina a la humanidad. Como toda abstracción, esta sentencia aparece salpicada de hipérbole, pero también atesora mucha certeza. Nos movemos ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3921" title="fila2" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/fila2.jpg" alt="" width="544" height="204" />El comportamiento de las personas que consideramos una autoridad para nosotros nos determina sobremanera. Su ejemplo es magisterio para las narrativas de nuestra conducta.  También ejerce su labor pedagógica el comportamiento de otros que sin embargo aparentemente no tienen peso ni biográfico ni cultural en nuestras vidas. Las interacciones nos modelan más de lo que creemos. Somos seres miméticos y tendemos a replicar la conducta que en nuestros iguales ha obtenido aprobación social, del mismo modo que somos propensos a denegar la reproducción de aquello que ha sido sancionado por la comunidad, o ha merecido un comentario desfavorable.  Todo comportamiento, por muy alejado que se halle su epicentro de nuestra periferia, acaba rebotando en el nuestro. El filósofo de la náusea, Jean Paul Sartre, aseguraba que cada uno de nuestros actos determina a la humanidad. Como toda abstracción, esta sentencia aparece salpicada de hipérbole, pero también atesora mucha certeza. Nos movemos bajo el mimetismo, el antagonismo y cierta reponedora indiferencia de nuestros iguales. Reproducimos lo que ha sido laureado por el entorno o lo que consideramos admirable aunque goce de invisibilidad social, rechazamos lo que no casa con nuestra pirámide de valores, pasamos de puntillas por todo lo demás, desdén que no impide que vayamos absorbiendo de forma inconsciente un inmenso inventario de pautas.  De este modo vamos forjando la persona que somos, a través de los actos que realizan los demás y que asumimos o desestimamos. Y a la inversa. Determinamos con el despliegue de nuestras acciones en el medioambiente social la persona que los demás tratan de ser. Ahí reside nuestra responsabilidad con ellos y con nosotros.</p>
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		<title>La fuerza de la primera impresión</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 09:32:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La primera impresión que tenemos de alguien está repleta de escasez de información. Suplimos ese vacío con un inventario de inmediatas suposiciones que hagan disminuir la tasa de incertidumbre y desconocimiento. La economía cognitiva (propensión a procesar del modo más económico posible la información que recibimos) trata de paliar precipitadamente la pobreza de datos, los espacios vacíos que planean en torno a quién es nuestro recién inaugurado interlocutor. Normal que las impresiones primeras que recabamos de alguien sean un fecundo campo de cultivo para las suposiciones y los sesgos. También lo son para que adivinen quiénes somos nosotros. La primera impresión que recibimos del otro delata sobre todo la impresión que tenemos de nosotros mismos. Respalda el aserto que señala que vemos lo que somos. Evaluamos al otro según nuestros valores, nuestros modos de pensar, nuestros ideales de vida, nuestras pautas culturales, nuestra jerarquía de deseos. Lo sorprendente es que ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_3912" class="wp-caption aligncenter" style="width: 550px"><img class=" wp-image-3912" title="primera impresión1" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/primera-impresión1.jpg" alt="" width="540" height="307" /><p class="wp-caption-text">Magriette: Head in the clouds</p></div>
<p>La primera impresión que tenemos de alguien está repleta de escasez de información. Suplimos ese vacío con un inventario de inmediatas suposiciones que hagan disminuir la tasa de incertidumbre y desconocimiento. La economía cognitiva (propensión a procesar del modo más económico posible la información que recibimos) trata de paliar precipitadamente la pobreza de datos, los espacios vacíos que planean en torno a quién es nuestro recién inaugurado interlocutor. Normal que las impresiones primeras que recabamos de alguien sean un fecundo campo de cultivo para las suposiciones y los sesgos. También lo son para que adivinen quiénes somos nosotros. La primera impresión que recibimos del otro delata sobre todo la impresión que tenemos de nosotros mismos. Respalda el aserto que señala que vemos lo que somos. Evaluamos al otro según nuestros valores, nuestros modos de pensar, nuestros ideales de vida, nuestras pautas culturales, nuestra jerarquía de deseos. Lo sorprendente es que esa primera impresión, nacida de inferencias mediocres conectadas en una observación de menos de tres minutos, arraiga con poderosa fuerza en nuestro cerebro. Una vez que echa raíces necesitamos destinar mucha energía y mostrar mucha nueva información para que aceptemos que aquella impresión era errónea. Necesitamos largos y costosos procesos indagatorios para revocar la conclusión a la que habíamos llegado. Al cerebro le irrita pillarse en falta, aceptar la comisión de un error, invalidar la antigua información y canjearla por la nueva.</p>
<p>Precisamente para condicionar, manipular o adquirir una buena primera impresión utilizamos dispositivos culturales, tarjetas de visita que ofrezcan una información que rebase lo meramente visual y evite la veloz emergencia de sesgos. Muchas gestorías de comunicación avisan a sus potenciales clientes de esa manipulación bajo el axioma irrefutable de que «no hay una segunda oportunidad para una primera buena impresión». No sólo el aspecto o la indumentaria hablan de nosotros, sino que en la construcción de esa primera y acelerada impresión intervienen con elevado protagonismo la titulación que poseemos, a qué actividad remunerada nos dedicamos, que hitos orlan nuestra biografía, etc. Todos ellos son elementos que ponemos rápidamente encima de la mesa para conducir en la dirección deseada la primera impresión que recogen de nosotros. De hecho, el estatus social guarda entre otras funciones la de coger de la mano a la persona con la que interactuamos por vez primera y llevarla allí donde nosotros queremos. Se persigue que entre la primera impresión que damos y la que queremos dar no haya excesiva distancia. Algunos se afanan tanto en este cometido que efectivamente ayudan a hacernos de ellos una primera impresión bastante aproximada. Coloquialmente se admite que la primera impresión es la que vale. No es exactamente así. Habría que pormenorizar que es la que más vale, siempre y cuando no aparezcan otras que la desmientan.</p>
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		<title>A vueltas con la manipulación</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 09:03:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la Tercera Edición del curso de Negociación Estratégica que ENE Escuela de Negociación imparte en la Universidad Pablo Olavide ha surgido un tema muy interesante.  Un alumno se pregunta que si la diferencia entre la persuasión y la manipulación reside en la opacidad de la intención, ¿quién juzga esa intención? La duda es muy pertinente, pero requiere un contexto.  Las fronteras que separan la manipulación de la persuasión son muy tenues. A veces ni tan siquiera son vagas, simplemente se se cruzan, cooperan entre ellas, fabrican hibridaciones sofisticadas. Ahí reside la dificultad de esclarecer cuándo nos están persuadiendo y cuándo nos están manipulando. Sin embargo, existe un indicador que sí puede ayudarnos a establecer una diferencia nítida.  Uno se siente manipulado cuando, una vez obtenida y analizada  toda la información que rodea a una decisión,  advierte que, si la hubiera tenido en su poder antes, hubiera tomado una decisión  distinta. La ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3902" title="manipulacionb2" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/manipulacionb2.jpg" alt="" width="544" height="216" />En la Tercera Edición del curso de Negociación Estratégica que ENE Escuela de Negociación imparte en la Universidad Pablo Olavide ha surgido un tema muy interesante.  Un alumno se pregunta que si la diferencia entre la persuasión y la manipulación reside en la opacidad de la intención, ¿quién juzga esa intención? La duda es muy pertinente, pero requiere un contexto.  Las fronteras que separan la manipulación de la persuasión son muy tenues. A veces ni tan siquiera son vagas, simplemente se se cruzan, cooperan entre ellas, fabrican hibridaciones sofisticadas. Ahí reside la dificultad de esclarecer cuándo nos están persuadiendo y cuándo nos están manipulando. Sin embargo, existe un indicador que sí puede ayudarnos a establecer una diferencia nítida.  Uno se siente manipulado cuando, una vez obtenida y analizada  toda la información que rodea a una decisión,  advierte que, si la hubiera tenido en su poder antes, hubiera tomado una decisión  distinta. La ausencia de información, o información sesgada (que en realidad son acciones que pueden englobarse dentro de las mentiras por omisión y las mentiras por perpetración), modificó el curso de su voluntad.  Podemos afirmar que no dar información necesaria para elegir con criterio y libremente una opción en vez de otra es manipulación. Cuando la voluntad hace aquello que de otra forma no hubiera hecho.</p>
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		<title>Emociones y sentimientos, un viaje de ida y vuelta</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Feb 2012 10:35:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En una negociación no sólo participa la racionalidad, la intervención de las emociones puede hacer reaccionar a un negociador en una dirección u otra. Fisher y Shapiro plantean centrar la atención en cinco expectativas básicas y sus correspondientes híbridos: el aprecio, la afiliación, la autonomía, el estatus y el rol. Estas hibridaciones tan protagonistas en los procesos de interacción nacen de la relación que mantienen las emociones y los sentimientos. Resulta cardinal distinguir bien entre emociones y sentimientos. El lenguaje coloquial ha construido una sinonimia que tiende a considerarlos iguales,  o con unas diferencias tan vagas que lejos de subrayar sus singularidades ha multiplicado la ceremonia de la confusión. Las emociones son respuestas corporales que se reactivan dependiendo de la situación en la que nos encontremos. Por su parte, los sentimientos son la evaluación que hacemos entre nuestros deseos y lo que nos concede la realidad. El repertorio de emociones viene diseñado en ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3896" title="emo 1" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/emo-13.jpg" alt="" width="550" height="310" />En una negociación no sólo participa la racionalidad, la intervención de las emociones puede hacer reaccionar a un negociador en una dirección u otra. Fisher y Shapiro plantean centrar la atención en cinco expectativas básicas y sus correspondientes híbridos: el aprecio, la afiliación, la autonomía, el estatus y el rol. Estas hibridaciones tan protagonistas en los procesos de interacción nacen de la relación que mantienen las emociones y los sentimientos. Resulta cardinal distinguir bien entre emociones y sentimientos. El lenguaje coloquial ha construido una sinonimia que tiende a considerarlos iguales,  o con unas diferencias tan vagas que lejos de subrayar sus singularidades ha multiplicado la ceremonia de la confusión. Las emociones son respuestas corporales que se reactivan dependiendo de la situación en la que nos encontremos. Por su parte, los sentimientos son la evaluación que hacemos entre nuestros deseos y lo que nos concede la realidad. El repertorio de emociones viene diseñado en nuestro acervo genético, pero los sentimientos están tamizados por el aprendizaje intelectual, las pautas culturales, el medioambiente social, los deseos personales solidificados en expectativas y proyectos. Algunos autores explican que la emoción es una repuesta que se activa en los dominios de la inconsciencia, sin embargo el sentimiento sería una emoción consciente.  De este modo podemos concluir que los sentimientos son el resultado de un balance, en el que por supuesto también entran en juego las emociones una vez emergen al umbral de la conciencia. Las emociones provocan sentimientos y devolviendo el favor los sentimientos despiertan emociones.</p>
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		<title>La mediación se pone de moda</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 09:38:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Últimamente los medios de comunicación empiezan a divulgar con entusiasmo la mediación como un sistema de resolución de conflictos alternativo a la vía judicial. Ayer emitieron un didáctico reportaje en el Telediario de La 1 de TVE. Está bien que sea así, porque, aunque los medios ponen su lente de aumento en que la mediación descongestiona la siempre sobresaturada justicia, este formato es una apología a la cultura del diálogo y del consenso. La mediación es una fórmula para resolver conflictos en la que interviene un tercero ajeno e imparcial pero aceptado por  las partes enfrentadas. A mí me gusta señalar que la mediación es una negociación para que otros se animen a negociar. Es un marco de negociación que guarda unas singularidades que lo convierten en muy atractivo y eficaz, menos costoso económicamente y más rápido que la traumática visita al juzgado, mantiene a salvo la privacidad, minimiza la erosión ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3886" title="mediación 1" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/mediación-11.jpg" alt="" width="542" height="216" />Últimamente los medios de comunicación empiezan a divulgar con entusiasmo la mediación como un sistema de resolución de conflictos alternativo a la vía judicial. Ayer emitieron un didáctico <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/proceso-mediacion-familiar-alternativa-menos-traumatica-via-judicial-para-solucionar-discordias/1316042/">reportaje</a> en el Telediario de La 1 de TVE. Está bien que sea así, porque, aunque los medios ponen su lente de aumento en que la mediación descongestiona la siempre sobresaturada justicia, este formato es una apología a la cultura del diálogo y del consenso. La mediación es una fórmula para resolver conflictos en la que interviene un tercero ajeno e imparcial pero aceptado por  las partes enfrentadas. A mí me gusta señalar que la mediación es una negociación para que otros se animen a negociar. Es un marco de negociación que guarda unas singularidades que lo convierten en muy atractivo y eficaz, menos costoso económicamente y más rápido que la traumática visita al juzgado, mantiene a salvo la privacidad, minimiza la erosión emocional subyacente a todo conflicto, ofrece una solución y un cumplimiento más sólidos.</p>
<p>El mediador es un tercero que participa en la negociación entre las partes enfrentadas. No impone acuerdos, aunque dirige a las partes para lograrlos y para que sean equitativos. Carece de poder de decisión, pero está habilitado para ayudar y evitar la corrosiva cronificación del conflicto. Invita al diálogo y a la creatividad de opciones que satisfagan los intereses de las partes, pero deja que sean ellas las que esgriman la solución. De hecho, una de las peculiaridades más sobresalientes de este sistema alternativo a la justicia estriba en la construcción de soluciones. Si en el sistema judicial  es un juez el que dictamina la sentencia y  a los actores no lo queda más remedio que acatarla, les guste o no, en la mediación son sólo ellos y no ningún árbitro ni juez los que deciden qué soluciones tomar. Es relevante consignar aquí que un juez termina un conflicto, pero no lo soluciona. Simplemente ordena qué hay que hacer al margen de que ambas partes queden satisfechas o no. La mediación ayuda a encontrar soluciones acordadas por los participantes a través de una negociación. Este aparentemente nimio detalle incrementa la sensación de equidad y compromiso en la solución del conflicto. Refuerza su cumplimiento.  Transfigura todo el proceso.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La trampa abstrusa y la reputación</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 10:52:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los sesgos más increíbles consiste en la trampa abstrusa o gasto desperdiciado. Resulta sorprendente cómo un mecanismo tan simple vive tan enraizado en nuestra conducta.  Su dispositivo es tan sencillo como ilógico. Como hemos invertido gran cantidad de tiempo y esfuerzo en un curso de acción, nos negamos a abandonarlo, a pesar de ir a la deriva, creyendo que en un futuro próximo virará de dirección y finalmente amortizaremos la inversión.  Eso nunca ocurre, y al final cerramos el proyecto con muchas más pérdidas que las que habríamos sufrido si hubiéramos concluido todo en el instante en que nos lo cuestionamos por vez primera. En realidad se trata de evaluar si el proyecto ofrece viabilidad, necesita tiempo, o invita a su liquidación.  La investigación ha concluido que en muchas funestas ocasiones ese cálculo llega sesgado. Ocurre en proyectos empresariales, creativos, económicos, artísticos, sentimentales, etc.  Quizá en estos últimos (relaciones de pareja) se cronifican todavía ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3870" title="trampa 1" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/trampa-1.jpg" alt="" width="538" height="278" />Uno de los sesgos más increíbles consiste en la trampa abstrusa o gasto desperdiciado. Resulta sorprendente cómo un mecanismo tan simple vive tan enraizado en nuestra conducta.  Su dispositivo es tan sencillo como ilógico. Como hemos invertido gran cantidad de tiempo y esfuerzo en un curso de acción, nos negamos a abandonarlo, a pesar de ir a la deriva, creyendo que en un futuro próximo virará de dirección y finalmente amortizaremos la inversión.  Eso nunca ocurre, y al final cerramos el proyecto con muchas más pérdidas que las que habríamos sufrido si hubiéramos concluido todo en el instante en que nos lo cuestionamos por vez primera. En realidad se trata de evaluar si el proyecto ofrece viabilidad, necesita tiempo, o invita a su liquidación.  La investigación ha concluido que en muchas funestas ocasiones ese cálculo llega sesgado. Ocurre en proyectos empresariales, creativos, económicos, artísticos, sentimentales, etc.  Quizá en estos últimos (relaciones de pareja) se cronifican todavía más porque el componente emocional es muy elevado, y eso sofistica cualquier decisión.  </p>
<p>Después de estudiar pormenorizamente este sesgo anclado en la irracionalidad,  no resulta ocioso sin embargo vincularlo a factores cegadoramente racionales. Quizá nos aferremos a continuar un proyecto que ha devenido en inviable por la reticencia a aceptar que hemos fracasado.  Asumir el fracaso (en la literatura especializada lo denominarían tolerancia a la frustración) es un elemento nuclear para construirnos como sujetos valiosos. Precisamente una de las funciones de la voluntad consiste en inhabilitar la decepción momentánea para prolongar el esfuerzo en el tiempo y multiplicar las opciones de lograr un propósito censado en el largo plazo. La trampa abstrusa  se confabula así con factores como el miedo a la frustración, miedo al rechazo que supone que nos identifiquen como perdedores o incapaces de perseverar ante la adversidad, miedo a que nuestra autoestima sufra lesiones, miedo a que nuestra  reputación (la percepción que tienen los demás de nosotros) acabe dañada,  etc. Lo irracional de la trampa abstrusa ya no parece tan irracional.</p>
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		<title>La utilidad  o inutilidad del miedo</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 09:49:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mercado de ideas]]></category>
		<category><![CDATA[emoción]]></category>
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		<category><![CDATA[psicología]]></category>

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El miedo es un represor de la acción, un potente inhibidor que nos paraliza, que nos vuelve apocados, medrosos, incapaces de adentrarnos un paso más allá del punto en el que nos encontramos ahora. Saramago acuñó una frase muy ingeniosa en la que afirmaba que en el mundo existen dos superpotencias. Una es Estados Unidos, la otra eres tú. El miedo arremete contra esta segunda superpotencia, bombardea sus instalaciones, se regocija provocando daños colaterales, no discrimina entre la población civil y la militar. Huelga añadir que existen fabricantes de miedo, productores sociales de esa emoción con la que optimizan beneficios privados, divulgadores de una miedocracia con la que logran consensos inauditos. En realidad el miedo es una emoción que nos predispone a diferentes respuestas: lucha, huida y quietud. Curiosamente la más amplificada y la que más se relaciona con el miedo es esta última, la quietud, la que mina nuestras capacidades y nos convierte ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"> </p>
<div id="attachment_3861" class="wp-caption aligncenter" style="width: 561px"><img class="size-full wp-image-3861" title="miedo 1" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/02/miedo-11.jpg" alt="" width="551" height="198" /><p class="wp-caption-text">La soledad, de Paul Delvaux</p></div>
<p>El miedo es un represor de la acción, un potente inhibidor que nos paraliza, que nos vuelve apocados, medrosos, incapaces de adentrarnos un paso más allá del punto en el que nos encontramos ahora. Saramago acuñó una frase muy ingeniosa en la que afirmaba que en el mundo existen dos superpotencias. Una es Estados Unidos, la otra eres tú. El miedo arremete contra esta segunda superpotencia, bombardea sus instalaciones, se regocija provocando daños colaterales, no discrimina entre la población civil y la militar. Huelga añadir que existen fabricantes de miedo, productores sociales de esa emoción con la que optimizan beneficios privados, divulgadores de una miedocracia con la que logran consensos inauditos. En realidad el miedo es una emoción que nos predispone a diferentes respuestas: lucha, huida y quietud. Curiosamente la más amplificada y la que más se relaciona con el miedo es esta última, la quietud, la que mina nuestras capacidades y nos convierte en una versión miniaturizada de nosotros mismos. Si el miedo es una emoción, una manera con la que el cuerpo nos alerta ante estímulos del exterior, sus respuestas son comportamientos. La paralización es una conducta patrocinada por la cobardía, no por el miedo. Resulta muy útil tener miedo, pero esa utilidad deviene en nada si la consecuencia es acobardarse.</p>
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		<title>Estado de ánimo</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 10:53:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josemi Valle</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mercado de ideas]]></category>
		<category><![CDATA[autoestima]]></category>
		<category><![CDATA[confianza]]></category>
		<category><![CDATA[estado de ánimo]]></category>
		<category><![CDATA[psicología]]></category>

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		<description><![CDATA[Resulta curioso lo poco que se habla del estado de ánimo cuando su ausencia o su presencia puede determinar el desenlace de muchas situaciones. Un elevado estado de ánimo es primordial para dialogar con el entorno de tú a tú,  para pararle los pies si se diera el caso, rastrear soluciones a los escollos que nos separan de nuestros deseos, para impeler a la acción.  Kant defendía  que vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros.  Ese «como somos nosotros» se puede releer como nuestro estado de ánimo.  Si es elevado, la realidad lejos de ser un problema se transfigura en un semillero de posibilidades. Si en nuestra autoestima hay un descubierto (por ilustrarlo con retórica económica), contraeremos con la realidad impagos que nos impedirán levantar cabeza durante mucho tiempo.  Un ánimo saludable genera y modela expectativas, produce confianza, eleva la motivación, afila la lucidez y el cálculo ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3852" title="ánimo" src="http://www.negociaccion.net/blog/wp-content/uploads/2012/01/ánimo1.jpg" alt="Le Reproduction Interdite de Rene Magritte, 1937" width="537" height="259" />Resulta curioso lo poco que se habla del estado de ánimo cuando su ausencia o su presencia puede determinar el desenlace de muchas situaciones. Un elevado estado de ánimo es primordial para dialogar con el entorno de tú a tú,  para pararle los pies si se diera el caso, rastrear soluciones a los escollos que nos separan de nuestros deseos, para impeler a la acción.  Kant defendía  que vemos las cosas no como son, sino como somos nosotros.  Ese «como somos nosotros» se puede releer como nuestro estado de ánimo.  Si es elevado, la realidad lejos de ser un problema se transfigura en un semillero de posibilidades. Si en nuestra autoestima hay un descubierto (por ilustrarlo con retórica económica), contraeremos con la realidad impagos que nos impedirán levantar cabeza durante mucho tiempo.  Un ánimo saludable genera y modela expectativas, produce confianza, eleva la motivación, afila la lucidez y el cálculo de opciones, desinhibe, ejerce de palanca tractora para la acción, y varios etcéteras más.</p>
<p>La buena noticia es que el estado de ánimo se puede modificar, está en nuestra mano elevarlo o hundirlo.  Podemos fortalecer nuestra autoestima, el concepto que tenemos de nosotros mismos, o podemos hozar en nuestro propio autodesprecio.  Cómo nos veamos, cómo nos hablemos (a mí me gusta repetir que el alma es esa conversación que mantenemos a todas horas hablando de lo que hacemos a cada minuto),  la legitimidad de nuestras comparaciones sociales, permitir o no que nos afecte información ajena sobre nosotros, determina sobremanera nuestra conducta. Si nos pasamos el día mortificándonos con que no valemos para nada, o alimentando el derrotismo de que no hay nada que hacer, será complicado que hagamos algo que nos lleve la contraria. Cómo nos hablemos cartografía cómo actuaremos. El muy estudiado efecto Galatea recalca este punto. Ponemos todo nuestro empeño en satisfacer aquellas expectativas que depositamos en nosotros mismos. Si la expectativa es exigua, el resultado también.  Para elegir altas expectativas necesitamos un elevado estado de ánimo. Pero no nos engañemos. Una expectativa con el estado de ánimo sin ninguna grieta no garantiza su coronación, pero perseguirla con el estado de ánimo miniaturizado aumenta las probabilidades de no lograr nada.  A nosotros nos pertenece la elección.</p>
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